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Domingo, 11 de Mayo de 2008 20:02

CIEN AÑOS DE MÚSICA

La Banda Municipal de Sangüesa, una de las más antiguas de Navarra cumple un siglo.

 

Sangüesa. Miguel Ángel Antoñanzas.

A mediados del siglo XIX, Sangüesa estaba viviendo una especie de esplendor. Un mercado bullicioso que se instalaba cada jueves atraía a los lugareños de los alrededores que no encontraban un centro comercial hasta Jaca. Además, a pesar de la plaga de la filoxera que había acabado con las fructíferas viñas sangüesinas, la rica huerta que bebía del Aragón proporcionaba patatas, habas, arvejas, hortalizas, muchas manzanas y algún lino. Entonces las 460 casas que había configuraban un pueblo pequeño que comenzaba a expandir sus límites más allá de las murallas. Disponían de una escuela de instrucción primaria con más de 200 niños y otro de niñas, 192 exactamente, dirigido, como así debía ser, por las Hermanas de la Caridad. Las Iglesias parroquiales de Santiago y San Salvador estaban regidas por un abad y siete beneficiados. Había cuatro conventos , el de San Francisco, el del Carmen, el de Santo Domingo y mercedarios. A este pequeño esplendor no podía faltarle uno de los artes que más raigambre ha tenido en Sangüesa: la música. Las iglesias de Santa María y Santiago tenían sus propias capillas musicales con unas pequeñas orquestas de viento y cuerda que a veces eran contratadas por el Ayuntamiento para las fiestas patronales y otros cultos. Estas fueron sin duda, el embrión de la ahora homenajeada Banda Municipal de Sangüesa, que cumple este año un siglo de vida. En 1891 un grupo de músicos interpreta algunas piezas populares para el Ayuntamiento durante las fiestas patronales de San Sebastián por lo que recibe 200 pesetas. Dos años mas tarde fue el concejal Ramón Navallas el que se encargara de organizar un banda que por entonces se denominó Sociedad Filarmónica de Santa Cecilia. Detrás de esa formación había habido una serie de prohombres sangüesinos como Felix Olalquiaga, Carmelo Ayerra, Victoriano Galarza, Roberto Villar o Jesús Vallejos que gracias a su nivel cultural y a su posición económica, pudieron apoyar la nueva formación. En el pleno del 13 de noviembre de 1896 se da cuenta de la instancia de estos "mecenas" quienes "solicitan la cantidad de 750 pesetas y los instrumentos de los que disponen el ayuntamiento" para la fundación de una banda " y, como por ser principiantes la mayor parte de los que han de constituir la banda necesitan academia, suplican también se les facilite local para ello, y el petróleo que durante las horas de estudio sea necesario para el alumbrado", así figura en el punto segundo del acta de la sesión. El pleno municipal, muy prudente, acuerda contribuir a la nueva banda con 500 pesetas para la creación siempre que "Los exponentes presenten un director con las debidas condiciones de aptitud que se comprometa a organizar y dirigir la banda y se formalice un reglamento". Ese director fue Ramón Navallas quien redactó el primer reglamento, cuyo original nunca fue encontrado. Este reglamento que, curiosamente, incluía la prohibición de no hablar ni de política ni de religión durante los ensayos fue presentado al pleno el 27 de Noviembre de 1896 que lo aprobó con la modificación de que la Banda debía acudir gratis, además de los días señalados, a todos los recibimientos de autoridades y a las fiestas nacionales.

Crudo invierno

Los músicos, todavía inexpertos que conformaban la banda se reunían en las antiguas escuelas del convento de San Francisco. Durante el invierno los ensayos se hacen casi insufribles debido al frío. Tres jóvenes de la banda: Manuel Indurain, Marcelino Bandrés y Victorio Ugalde, en diciembre del mismo año, se atreven a solicitar unas tablas para construir por su cuenta una tarima que les preserve del frío. Como pedir no cuesta nada, dos meses mas tarde solicitan construir un pequeño kiosco en el paseo de Cantolagüa. Por fin, el 9 de Abril, viernes santo de 1897 hace su debut esta Sociedad Filarmónica de Santa Cecilia. Para entonces incluso las calles de la ciudad, embarradas y en muy malas condiciones, se arreglaron provisionalmente para una mejor circulación de la procesión del viernes santo. Ese día la Banda, cada vez más integrada y valorada por el consistorio, acude a la procesión del Santo Entierro iluminada por los grandes faroles que le presta el Ayuntamiento. Fue su primera actuación oficial, había nacido la Banda Municipal de Sangüesa.

 

Jesús Vallejos, un director pionero.

Durante las fiestas patronales en honor a San Sebastián la formación recibía, el último día, 80 pesetas "por su buen comportamiento" .A principios del belicoso siglo XX la Banda Municipal de Sangüesa, aunque formada no estaba todavía consolidada. Sus músicos eran labriegos de Pastoriza que si dejaban de trabajar su propia tierra o ganar el jornal, tres o cuatro pesetas diarias, debían ser abonadas por un Ayuntamiento no muy boyante. Así vinieron tiempos peores, durante las fiestas de los años 1912, 1913, y 1914 los lugareños fueron amenizados por la Banda Militar del Regimiento de la Constitución de Pamplona ya que el presupuesto no daba para pagar a la joven Banda. Sin embargo, algo cambió: Jesús Vallejos, uno de los fundadores, notable organista y compositor fue el primer director que supo darle a la formación una gran calidad y brillantez entre los años 1915 y 1926. Cuando Vallejos llega el 23 de Enero de 1915, la Banda está compuesta por 28 personas, todavía sin acabar de limar y con escasa base musical. Las piezas eran las de siempre, zarzuelas, dianas, pasodobles y marchas de procesión. Vallejos se pone en marcha y comienza a enseñar música, compra más instrumentos a la Banda militar de Pamplona "Regimiento de América" y adquiere 30 uniformes de paño azul con gorra. El director cobraría a partir de entonces un sueldo de 75 pesetas y los 13 músicos mayores 60 pesetas y los 14 chavales 40 pesetas. En 1918 interviene en el Concurso Regional de Bandas que tiene lugar en Pamplona, consiguiendo el tercer puesto. La todavía Sociedad Santa Cecilia de Sangüesa participa con la obertura de Hidalgo de Schweinsberg. Es la época dorada de la Banda y donde uno de los mejores directores impone un estilo profesional y acurado. Pero también hubo tiempo para las anécdotas como la que se cuenta que, tocando la Banda por la calle, el músico de platillos, Pedro Zarranz dejó de tocarlos. Ante las miradas inquisitoriales de sus compañeros, Zarranza señaló un pequeño cartel sobre un poste donde rezaba la leyenda "No tocar, peligro de muerte".

Nuevos derroteros.

En 1926 Vallejos dimite y entra en escena Guillermo Beaumont, que a pesar de una primera crisis logra mantener un cierto nivel entre los años 1927-1932, cuando fue sustituido por Juan Ugalde. La plaza fue sacada a concurso oposición y Ugalde tuvo como contrincante nada más y nada menos que al Maestro Bravo. Durante estos años se mejoró notablemente el archivo musical con la adquisición de numerosas piezas. La guerra civil deja pocas secuelas excepto que en 1936 la Banda deja de utilizar sus uniformes. Además se inauguró el kiosco de la música durante las fiestas de 1939. En los años 50 se hace cargo Antonio del Solar, músico militar que lograría dar un nuevo impulso y enriquecer el nivel musical de la banda a partir de su propia experiencia. Entonces los 20 miembros de la banda destacaban por su juventud . No se puede olvidar que Del Solar logró un buen nivel artístico además de cierta camaradería con sus alumnos que iban a ensayar casi todos los días, incluso sábados y domingos. La formación crecía y menguaba según los embates del tiempo, llegaron a ser 25 para bajar a 14. Pero aún así se incorporaban nuevas piezas. Hacia 1956 se introdujo el pasacalles Altza Gastiak de F. Beobide. En 1966 llega una nueva crisis y Del Solar dimite, sustituyéndole accidentalmente el maestro Bravo aunque por poco tiempo. Un joven, Jesús María Bermejo, actual director, coge de nuevo la batuta, al menos durante tres breves años cuando es sustituido por Miguel Larrañeta. Éste había entrado cuando sólo tenía doce años y conocía muy bien la estructura de la misma. Había tocado el trombón y la caja aunque su instrumento favorito era sin duda el bombardino. Durante este período se crea en la ciudad la Escuela de música "Juan Francés de Irribarren" que ha sido sin duda la madre musical de los actuales interpretes. Como siempre las fiestas eran los días más duros para los músicos, tanto que a veces se dormían en las dianas. Algunos seguían andando saliéndose de la formación como un bombardino que en unas fiestas se metió entre las varas de un carro. Tras trece años consecutivos Larrañeta deja la Banda por problemas de salud y entra de nuevo Jesús María Bermejo, estamos ya en 1983. Seis años después Javier Beunza director por entonces de la Casa de Cultura organiza una exposición homenaje por medio de fotografías y paneles explicativos. La exposición fue el primer homenaje que "La que nunca faltó" rendía a la Banda municipal, una de las más viejas del viejo reino de Navarra.

 

UN DIRECTOR PARA UNA BANDA CENTENARIA.

Jesús María Bermejo, director desde 1983 de la Banda Municipal se escapa cada mañana a la sala de ensayos, ubicada en el viejo Colegio San Francisco, estos días hay mucho que organizar. Allí, los viernes por la tarde y los sábados, la sala entarimada crece al ritmo que marca los instrumentos de los 44 miembros, incluida la más joven, su hija Nora de 12 años que toca el clarinete. Bermejo ha sido uno de los directores que más se ha preocupado por el repertorio: "Mantengo la música tradicional de banda, las marchas, los valses, la zarzuela pero a veces también preparamos conciertos especiales como la música medieval para las cenas, o la música de películas, música vasca, vamos comprando material, lo último ha sido los aires vascos, danzas y cantos de Guridi y las Golondrina de Usandizaga" . La Banda no tiene problemas económicos, actualmente tiene un presupuesto de cinco millones de pesetas por las que el Ayuntamiento paga a los músicos algo más de 100.000 pesetas por las aproximadamente 33 actuaciones anuales. Además cada año se destina una partida para la compra de instrumentos que este año asciende a 500.000 pesetas. Su máximo potencial son los músicos jóvenes que nutren la savia vieja acumulada durante un siglo: "la Escuela de Música sigue siendo una gran cantera y está claro que los chavales están mejor preparados y prueba de ello es la Banda Txiki", explica el director titular. Recientemente creada, esta banda txiki formada por treinta alumnos de edades entre 11 años y 16 de la Escuela Municipal de Música supone el primer escalón para acceder a la centenaria madre. Una madre vieja pero con rostro joven, sólo hay que ver las caras de los músicos. La mayor parte de ellos tienen entre 16 y 30 años de edad. Y aunque se trate de una banda humilde y no profesional algunos de sus músicos se lo están tomando en serio. Algunos como los dos trombones, dos tubas, dos clarinetes, 2 trompas están realizando la carrera musical.

Un reglamento anticuado

Pero si algo necesita la centenaria formación es un nuevo reglamento "porque el actual está basado en el de 1954 y está caducado, necesitamos una Junta directiva, un subdirector, porque ni siquiera puedes estar enfermo, determinar las obligaciones de cada músico, en fin un reglamento actual" apunta Bermejo. En efecto, el reglamento es tan viejo que incluso determina que los músicos se han de jubilar a los 50 años, con lo que el miembro más antiguo de la banda, Javier Estabolite, que por cierto no cobra, debería haberlo dejado hace casi 10 años. Para Bermejo "el mayor problema que tiene la banda es la acumulación del trabajo en las fiestas patronales, ya que ahora, la banda se va a las dos de la madrugada y se levanta a las siete para las dianas. Nosotros hemos empezado a hablar con el Ayuntamiento para intentar solucionarlo, creo que se puede repartir el trabajo".

Autor, Autor:

Pocos han sido los autores sangüesinos de los que se puede nutrir la Banda. De hecho la música más enraizada de las fiestas como la subidica o la bajadica del Prau, o la jota vieja (La estudiantina) son de autores foráneos, Sin embargo no se puede olvidar las piezas de los sangüesinos como Beaumont (Viva Sangüesa) , Antonio del Solar (Pasodoble de Sangüesa), Pedro de Felipe (Viva la música), el ya mencionado Luis Elizalde (Fiestas de Sangüesa) y el más reciente, el joven Antonio Guerrero con sus pasodobles y la marcha fúnebre. Sin embargo para Jesús María Bermejo su pieza preferida, es sin duda, el Hada de los ojos azules de A. Govaert. "Sí, es un obertura que he tocado desde que era crío y es una pieza a la que tengo mucho cariño". Y ese sentimiento es sin duda, el que ha permitido que esta vieja Banda siga tocando durante un siglo, y aunque hubo ocasiones en las que no había pulmón ni instrumento, siempre hubo batuta y piezas que tocar y sobre todo oídos agradecidos que escuchar. Y de eso la Banda siempre los tuvo a pares...

 

13 DIRECTORES PARA 100 AÑOS

Cronológicamente estos han sido los directores que han marcado la pauta de la centenaria formación:

Ramón Navallas (1896-1906), Dimas Lurbés (1906-1909), Jesús Lobera (1910), Severiano Vázquez, (1911-1915), Jesús Vallejos (1915-1923), Juan Ugalde (1923-1924), Jesús Vallejos (1925-1927), Guillermo Beaumont (1927-1932), Juan Ugalde (1932-1948), Antonio del Solar (1950-1966), Jesús María Bermejo (1966.1970), Miguel Larrañeta (1970-1983), Jesús María Bermejo (1983-1996).

 
 
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